Choose Your Language:
Posted by: The Sumaira Foundation in NMOSD, Voices of TSF

Nací en Barranquilla, Colombia y hoy, a mis 40 años, mi vida es un mosaico de vocación y fortaleza. Soy profesional en Instrumentación Quirúrgica y pensionada de la Policía Nacional, una institución que no solo me dió mi carrera, sino también a mi familia. Mi camino en la Policía comenzó en 2008 en la Escuela Provincia de Sumapaz, llevándome por Montería y finalmente de regreso a mi tierra, Barranquilla, en 2011. Ese traslado tuvo un motivo poderoso: cuidar de mi madre tras su diagnóstico de cáncer. Ella partió en 2013, pero su fuerza se quedó conmigo. En Barranquilla conocí a mi esposo, también miembro activo de la institución, y juntos formamos un hogar con nuestros dos hijos, que hoy tienen 11 y 7 años. Desde 2016, nos radicamos en Bogotá, Colombia, donde la vida me pondría la prueba más difícil.
El día que la luz se nubló
El 25 de octubre de 2017, mi realidad cambió. Lo que empezó como una visión borrosa se transformó, en menos de 24 horas, en una oscuridad total. A pesar de que un médico inicial intentó minimizar mis síntomas atribuyéndolos a una migraña, mi instinto me dijo que algo grave pasaba: “Una migraña no me dejaría sin ver”, sentencié. Busqué una segunda opinión y el diagnóstico fue claro: neuritis óptica bilateral. Tras cinco días de tratamiento intenso con metilprednisolona, la vida me dió una sorpresa bendita: estaba embarazada de mi segunda hija. Por protegerla, decidí postergar procedimientos invasivos como la punción lumbar. Ella nació sana en 2018, regalándonos un tiempo de aparente calma.
La búsqueda de la verdad
La tregua terminó en noviembre de 2021. Las descargas eléctricas en mi brazo y los puntos negros en mi visión y agotamiento, anunciaron el regreso de la enfermedad. Finalmente, en diciembre de 2024, llegué a la clínica de enfermedades desmielinizantes. Bajo la guía de la Dra. Katherine Mafla (toda mi gratitud para ella) y tras rigurosos estudios de resonancia y biomarcadores (AQP4 y linfocitos), el rompecabezas se armó. En mayo de 2025 recibí mi diagnóstico definitivo: Neuromielitis Óptica Seronegativa. Lejos de sentir miedo, sentí una inmensa paz. Ponerle nombre a lo que enfrentaba era el primer paso para sanar.
Dueña de mi bienestar
Hoy, recibo mi tratamiento de Rituximab cada seis meses y veo con gratitud cómo los síntomas retroceden. Dios ha sido mi guía, y mi esposo y mis hijos el ancla que me sostiene. He encontrado en el yoga un refugio vital; es el espacio donde calmo mi mente, controlo el agotamiento y me recuerdo a mí misma que, aunque mi cuerpo tenga un diagnóstico, yo sigo siendo la dueña de mi destino y de mi paz.